domingo, 4 de septiembre de 2011

Rostros del Pasado 6. El Hombre de Cromañón. Parte 2

Melanina

Los restos de Cro-Magnon han sido fechados en (C14) 27.650 ± 270 Bp. Cuando, como es ahora el caso, nos den una sola fecha, bajo un solo método de datación y con una horquilla demasiado estrecha, lo mejor es tomar precauciones. Sencillamente es ridículo pretender datar algo de hace 30.000 años con un margen de error de 300 años arriba y abajo, y más usando un método con tantas “mesetas de calibración” como es el carbono 14. Es mucho más científico proponer para los cromañones (stricto sensu) un momento indeterminado entre hace 30.000 y hace 25.000 años, con el 27.500Bp como fecha media, orientativa pero no dominante.

Para determinar su color de piel debemos empezar analizando la situación climática de ese período. La fase glacial conocida como Würm II había comenzado algo antes, hace 33.000 años, y duraría hasta hace 12.000, por lo que podemos decir que el Hombre de Cro-Magnon vivió en plena glaciación. De hecho, el Würm II es la fase más fría y seca de toda la glaciación Würm, la cual a su vez fue más fría y seca que la glaciación anterior, la de Riss. Por eso, aunque el máximo glacial de Würm II ocurrió más tarde, entre 22.000 y 18.000Bp, y aunque se propongan oscilaciones “templadas” como las de Paudorf en fechas cercanas al 25.000Bp, el contexto general era de muchísimo hielo y frío. Para hacernos una idea, no se habían dado unas condiciones de temperatura y humedad tales desde 110.000 años atrás. Ahora bien, ¿cómo afecta una glaciación en la recepción de rayos UVs, determinantes para nuestro color de piel? La respuesta anticipada, y creo que sorprendente, es que su papel sería mucho menor de lo que se esperaría y que, en todo caso, las modificaciones favorecerían pieles más oscuras que las actuales. Veamos por qué:
- La radiación UV depende, ya lo sabemos, principalmente de la latitud, y eso no ha cambiado desde los cromañones hasta hoy porque el eje terrestre no se ha alterado considerablemente. Durante las glaciaciones los polos helados no se movieron de sitio, sino que los hielos (que hoy les son exclusivos) bajaron hasta latitudes inusitadas.
- Consecuencia de lo anterior, dejemos de equiparar las glaciaciones con ese “invierno que nunca termina” del imaginario mediático y popular. Durante las glaciaciones la tierra osciló con su eje para provocar las mismas cuatro estaciones anuales que hoy disfrutamos, aunque con cifras de temperatura y humedad muy distintas. Por mucho frío que hiciera, durante el verano se notaba templanza respecto al invierno, anochecía igual de tarde que ahora y, muy importante, aumentaba la incidencia de los rayos UVs.
- En nuestros otoños e inviernos llueve, a menudo más que el resto del año, pero durante las glaciaciones apenas llovía en el planeta, pues la mayor parte de las aguas que hoy participan del ciclo evaporación-precipitación estaban atrapadas en forma de hielo. Se que los médicos nos advierten de que en días nublados los UVs pueden ser tan efectivos (y dañinos) como con sol, pues las nubes no detienen toda esta radiación. Pero es evidente que las zonas más lluviosas de la Tierra, ecuatoriales y por tanto expuestas a los rayos ultravioleta como ninguna otra, no son precisamente las de pieles más oscuras. Los pueblos más negros de piel se dan en zonas secas y soleadas de latitudes intertropicales, así que debemos suponer que la cantidad de horas de sol es un complemento determinante que se suma al factor latitud. Si durante las glaciaciones casi no llovía en ninguna parte fuera de una estrecha banda ecuatorial, y las latitudes y estaciones se mantuvieron como hoy, es lógico suponer una mayor incidencia de los rayos UVs respecto al presente.
- Otro factor complementario, aunque de menor importancia, es el albedo. Ante una situación de perennes cielos azules, el efecto espejo de la luz solar sobre los hielos glaciales , sobre los océanos, e incluso sobre las arenas desérticas, debió ser mayor a la actual. Por supuesto, la vida humana era inviable no ya en aquellos hielos boreales de más de 1.000 m. de altura, sino en la mayor parte del permafrost que los circundaba, y por tanto el albedo de dichas regiones no afectó a la melanina de nuestros ancestros. Sin embargo es un elemento a considerar en las costas, en glaciares aislados como los Alpes o los Pirineos y, como veremos, en desiertos como el Sahara.

Algo también inesperado de las glaciaciones es la ausencia de pieles muy pálidas, argumento que desarrollo muy migado para que no salten las alarmas. Para empezar, debemos retomar la esencia de mi primera entrada sobre melanina: los humanos necesitan, para su supervivencia, ser negros o muy oscuros de piel desde el ecuador hasta los 30º de latitud. El resto del artículo es complementario, y en cierto modo especulativo. Por ejemplo, acepto los 50º de latitud como línea a partir de la cual el humano “necesita” ser blanco para sobrevivir, aunque esto suponga sobredimensionar el factor vitamina D. Hace meses vi en la tele (Redes de Punset, creo) a un especialista decir tajantemente que con un par de horas diarias al sol y una dieta más o menos equilibrada se podía ser negro azabache en Suecia sin temor alguno al raquitismo. A partir de esta información, la situación de los humanos del Pleistoceno presenta dos diferencias fundamentales respecto a la actual:
- Al ser cazadores-recolectores las horas al sol están más que aseguradas. En cuanto a la dieta, alimentos tan accesibles como el salmón o la yema de huevo son muy ricos en vitamina D. Según los cálculos de aquel sabio de la tele, ninguna latitud sería lo bastante septentrional como para obligar a los humanos del Pleistoceno a palidecer considerablemente.
- Durante el máximo glacial (22-18.000Bp) los hielos se acercaron peligrosamente a los 50º de latitud, y el permafrost llegaba mucho más al sur, cubriendo media Francia. Parece entonces incuestionable que durante dicha época la zona que va de los 50º al Polo, patria natural de los rubios rosados, era absolutamente inhabitable. En la época de los cromañones la situación climática era algo menos fría, luego el territorio inhabitable por hielos y permafrost no sería tan grande como durante el máximo glacial. Pero la zona a partir de 50º, la “fábrica de blancos”, seguiría siendo inhabitable o con densidades de población insignificantes.

A partir de los 50º da la falsa impresión de que nuestras latitudes se hubieran desplazado al sur. Por ejemplo, donde tenía que haber el típico bosque centroeuropeo aparecía la tundra, propia hoy de Siberia o Alaska. Sin embargo, en el Mediterráneo cesaba ese barrido de biotopos en sentido norte-sur. Décadas de palinología, arqueozoología, y dataciones geológicas demuestran que en La Península Ibérica las glaciaciones se sintieron de manera mucho más suave que en el resto de Europa. Se la llega a denominar “refugio” de especies europeas (desde el uro al neandertal) durante las épocas de máximo glacial. Lo que muchos no saben es que Iberia también era “refugio” de especies procedentes del sur. La falta de lluvia que suponían las glaciaciones provocaba que los grandes desiertos del planeta aumentasen de tamaño. El Sahara llegaba al Mediterráneo, sólo interrumpido por una estrecha franja litoral desde Marruecos a Túnez con matorral mediterráneo, así que las especies de este biotopo, y del bosque mediterráneo también propio del Norte de África, se verían en la necesidad de trasladarse al norte. De ese modo, nuestra Península era un Arca de Noé durante las glaciaciones, con microclimas que albergaban plantas y animales tanto magrebíes como transpirenaicos, además de la fauna y flora que hoy entendemos como “autóctona”.

El yacimiento de Cro-Magnon se encuentra a 45ºN de latitud, lo que en nuestro mapa actual de melanina correspondería a un tono de piel mate que necesita ser corregido. Acabamos de dar una serie de motivos para creer que pudieran ser aún más morenos: misma incidencia de UVs con cielos eternamente despejados, consumo de vitamina D, vida al aire libre, etc. Pero al asignar las clinas en el mapa no sólo he tenido en cuenta su posición absoluta (latitud) sino también relativa (mestizaje). Como no me cansaré de repeterir, la única ley biológicamente ineludible es que si no eres negro al sur de los 30º mueres por melanoma, ácido fólico, hipervitaminosis, etc., si es que no naces por esterilidad de tu padre. Por eso cualquier afrocentrista puede hacer negros de piel a los mismísimos vikingos: navegando todo el día en manga corta y comiendo barriles de arenques pudieron tener el color de piel que quisieran. Las clinas más claras no surgen por necesidad sino porque pueden permitírselo. En la Península Ibérica no precisamos ser más blancos que en Nigeria, pero si nos nace un bebé más claro por simple mutación tampoco muere. Repetido este proceso miles y miles de años el grupo en general empalidece, aunque siempre evitando niveles fatales ante los rayos ultravioleta. A esta adaptación, o mejor dicho “desadaptación” evolutiva hay que añadir los mestizajes. Ya hemos visto que durante el Würm II, los blancos propiamente dichos no existían pues, si acaso hubo poblaciones al norte de los 50º de latitud, fueron excepcionales. Además, hemos de entender estos grupos como avanzadillas de otros grupos más meridionales, raramente interconectados con otros pueblos “boreales”, lo cual imposibilitaba que estabilizaran genéticamente un tono de piel muy blanco. Ahora bien, el cromañón no puede ser mate si desaparece el blanco, pues seguiría mestizándose (y oscureciendo) en inevitable contacto con los tonos medios del sur (ej. ibéricos), a su vez mestizados con los negros que cruzaban el charco cuando el Sahara se ponía tremendo. Definitivamente, y sintiéndolo mucho por mis rivales eurocéntricos, es virtualmente imposible que el cromañón fuera de piel rosada o que los hubiera así de blancos en su árbol genealógico más inmediato. Es posible que su piel fuera mate, tanto como chocolate. Incluso pudo ser negro. Pero lo más probable, dada esta proporción y la ausencia de tipos blancos, es que los cromañones tuvieran una piel “media” según mi nomenclatura.
Empecemos comentando el mapa desde el norte. Los hielos glaciares ocupan casi toda Escandinavia y buena parte de las Islas Británicas. No he querido representarlos con una extensión mucho menor a la del máximo glacial porque también he rebajado mil metros las cotas de altura. A continuación viene en tono gris del Permafrost, territorio con suelos permanentemente helados. La mancha gris continua es el Permafrost inhabitable para el hombre, tanto por temperatura, como por los pantanos y encharques gélidos, por la escasez de caza, o incluso por el insoportable chirriar de las moles de hielo entre sí. El gris listado corresponde al permafrost “habitable”, aunque por tal hemos de concebir una delgada capa de líquenes y loess sobre el hielo fangoso, con un biotopo propio de las tundras actuales, y grupos humanos con densidad de población inferior a las del norte de Siberia, Canadá o Alaska. Cruzando este permafrost habitable pasa el paralelo 50ºN, y comprobamos que por encima de él quedan pocas regiones hospitalarias para que el hombre pueda allí desarrollar pieles realmente blancas. La siguiente región es la de los tonos de piel mate, una franja estrecha con un pasillo aún más angosto al norte de los Alpes para comunicar poblaciones del este y el oeste de Europa. La piel de tono medio es la que entonces ocupaba una mayor parte de Europa, incluido el yacimento de Cro-Magnon. Media Península Ibérica, casi todas las islas mediterráneas, sur de Italia y Grecia, además de una fina franja en el Magreb, estaban habitadas por humanos de piel muy morena, mi tono chocolate (el mismo de Tutankamón). Finalmente, la expansión del desierto del Sahara hasta las mismas playas mediterráneas vino acompañada de una fortísima pigmentación, hasta el tono negro, de los habitantes de todo el Norte de África (salvo la banda litoral magrebí antes citada). Acabo comentando que los mares están representados conforme a la época, entre 80 y 100m. bajo el nivel actual, dando lugar a una línea de costa muy diferente a la que conocemos (y que sólo es orientativa porque no he puesto mucho esmero al dibujarla).

1 comentario:

Patox dijo...

Excelente hipotesis