domingo, 24 de julio de 2011

Rostros del Pasado 5. Tutankamón. Parte 2

Otras reconstrucciones.

Debido a su fama, Tutankamón ha sido reconstruido anteriormente en varias ocasiones. Considero que antes de exponer mi trabajo debemos evaluar los aciertos y errores de estos ensayos, los cuales dividiremos en dos grupos.

1. 2002. Los británicos o el cambiazo.
Hasta donde se, el primer equipo multidisciplinar que puso carne a Tut estuvo dirigido por el experto en reconstrucción facial Dr. Robin Richard. El motivo fue una exposición sobre el faraón, organizada por el Museo de la Ciencia británico, el 30 de septiembre del 2002. El proyecto, en el que trabajaron expertos de tres continentes, rezuma humildad por los cuatro costados: continuamente nos dicen que trabajan con réplicas, que no tienen acceso al original, que la mayor parte del trabajo lo hacen usando software 3D en lugar de arcilla, etc. Para compensar lo que creían defectos, se centraron en un exhaustivo acopio de muestras de piel y tejidos reales vía 3D: “Escaneamos las caras de un número de personas de la misma edad, sexo y de un grupo étnico apropiado, y así hemos conseguido un rostro-promedio adecuado desde el que empezar el proceso de modelado”. Una vez que el trabajo de Richard y sus colaboradores estuvo completado, se envió a artistas de efectos especiales de Nueva Zelanda. Su encargo fue el de crear una imagen digital del faraón, añadiendo el color de ojos y de piel, así como las cejas, etc. El resultado es la reconstrucción que más me satisface de todas las que he visto, pero por desgracia, el museo consideró innecesario recordar y promocionar el nombre de sus autores. En su lugar la gloria se la llevó Alex Fort, especialista británico que a partir de las infografías neozelandesas, y traicionándolas mediante un descarado blanqueo, modelaría la cabeza que definitivamente será expuesta en el museo. Veámoslo.


Arriba a la izquierda tenemos dos muestras de cómo dejaron de guapo los neozelandeses a Tutankamón. Los rasgos fluyen con naturalidad y la armonía del conjunto nos hace inmediatamente creer que estamos ante un ser real y no ante meros algoritmos informáticos. Se trata de algo lógico si tenemos en cuenta el método que siguieron, el cual he representado arriba a la derecha con uno de los muchos jóvenes de la misma edad del faraón, egipcios supongo, que se prestaron a ser escaneados. De este modo consiguieron esas carnosidades propias de las pieles y cartílagos egipcios, aún de los actuales tan semitizados. Sin embargo, todo este esfuerzo se vino al traste cuando metió la zarpa eurocentrista el modelador Alex Fort. Su reconstrucción, representada por las cuatro imágenes de la fila inferior, no sólo traiciona la africanidad que transmitía el proyecto neozelandés sino que durante dicha manipulación acaba generando un ser irreal. Los labios y la nariz parecen haber sido sometidos al vacío, y de sus comisuras parten cuatro pliegues absurdos que recuerdan la boca del Joker-Jack Nicholson. Aprovecho para decir que esta es una consecuencia muy común en el emblanquecimiento de cráneos: al desecar y hacer puntiagudas a narices de naturaleza carnosa y boniata, al intentar compensar prognatismos con labios ultrafinos, y finalmente al emblanquecer la piel de forma antinatural, se obtienen reconstrucciones que no son feas ni arcaicas sino directamente alienígenas. La imagen de abajo a la derecha es para mí el colmo del cinismo, pues capta a Alex Fort trabajando sobre Tutankamón … ¡rodeado de imágenes del modelo 3D neozelandés! Entendamos que a este señor le han proporcionado la réplica del cráneo del faraón, que sólo tiene que añadir arcilla donde se lo dicen las imágenes de muestra, y luego pintarla del color que le han sugerido. Este señor Fort es un renombrado reconstructor forense, así que no podemos disculparle como torpeza los tremendos cambios que su versión presenta respecto al original. Sencillamente no le dio la gana de seguir el prototipo neozelandés y lo modificó para que fuera perdiendo todos los rasgos que lo acercaban a lo que hoy denominamos socialmente un “negro”. Qué casualidad.

2. 2005. National Geographic o el concurso Miss Tutankamón.

El proyecto de Richard nació con buena voluntad y se desarrolló acertadamente, pero fracasó a la hora de ponerse en divulgación, momento en el que el eurocentrismo dominante dijo aquí estoy yo. Por el contrario, el proyecto que en 2005 organizó la revista National Geographic fue una vergonzosa maquinación racista desde el primer segundo en que se concibió. Hay tanto show barato, tanto trileo y tanto eurocentrismo en este proceso que para dar cuenta de todo habría que dedicarle un extenso monográfico, así que intentaré comprimir la información.

El 11 de mayo de 2005, la revista National Geographic publicó a bombo y platillo que “el primer busto hecho jamás del rey egipcio Tutankhamun” estaba dispuesto a recibir a la prensa. Y vaya que lo estaba. En un par de días no hubo telediario, magazine o programa moderno que no hiciera un alto para alegrarnos con tan trascendental evento. El tono empleado por la revista, repetido miméticamente por los media, pone mucho esmero en ganar la atención del público haciendo gala de lo científico, de lo imparcial, y de lo moderno del proyecto. Para lo científico, repetir que se han seguido técnicas forenses que se sirvieron de unas 1.700 imágenes digitales tomadas con scanner CT en 3-D. Para lo imparcial, remarcar que el estudio ha sido llevado a cabo por forenses, artistas y antropólogos físicos de Egipto, Francia y los Estados Unidos, coordinados por Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. Se nos asegura que tres equipos independientes entre sí han hecho su propia versión del busto, y que luego se ha escogido la más rigurosa. Para lo moderno y juvenil, decir que las técnicas empleadas no desmerecen a lo que vemos en series televisivas como CSI Miami. En el número de junio del mismo año, NG haría de la reconstrucción su portada.

La noticia y el proyecto que la respalda son un camelo de principio a fin. Como aperitivo, acabamos de ver por Richard y su equipo que este no es en absoluto “el primer busto hecho jamás del rey egipcio Tutankhamun”, título grandilocuente que por lo demás jamás se adjudicaron los británicos. Toda esa imagen de colaboración multidisciplinar, de independencia científica y de concurso a ciegas oculta un desvergonzado tongo que sólo entenderemos si nos extendemos en cada una de las reconstrucciones que se presentaron como candidatas.

La versión francesa.

La reconstrucción de Tutankamón hecha por el equipo francés ganó la competición y fue seleccionada por la National Geographic Society para ser portada de su revista. Al mismo tiempo, National Geographic había escogido y sufragado al equipo francés desde el principio. ¿Sólo yo veo el conflicto de intereses?, ¿cómo puedes presentarte a un concurso del que eres también el árbitro? Y lo que es peor, ¿cómo puedes tener el valor de darle a todo un aire científico y publicitarlo internacionalmente? Después de esto, no debe sorprendernos que casualmente este busto sea el más trabajado de los tres representados, policromado, con vello y ojos de vidrio donde los demás son meros modelos 3d o en escayola, o que, también casualmente, la información relativa a esta reconstrucción triplique a la relativa a las otras dos propuestas juntas. Sólo cabría esperar que, ya que iban de enchufados, se hubiera pedido a los franceses unos mínimos de decencia metodológica. Pero ni eso. Su aberrante producto es el peor de los propuestos, y representa una especie de travesti francés rapado, con todo mi respeto por el colectivo de travestis franceses rapados.

“Las facciones resultaron ser predominantemente de raza blanca, lo que entra en contradicción con la opinión de algunos especialistas según la cual los antiguos egipcios eran africanos de piel negra”. Son palabras nada menos que del director de National Geographic Magazine, Chris Johns, provenientes de la editorial que escribió con motivo de la publicación del busto. Está en completa consonancia con lo que declaró antes Jean-Noël Vignal, antropólogo forense del equipo francés, quien de inmediato identificó el cráneo como “caucasoide”. ¿Por qué tanta prisa por declararlo blanco? Es evidente que ese cráneo no es el de un blanco típico, ni siquiera desde los estándares racistas que tuve la desgracia de tragarme cuando joven y que conozco tan bien: el evidente prognatismo, la nariz demasiado ancha, la ultradolicocefalia (existente aunque no hubiera habido deformaciones), los pómulos altos y marcados, el discreto proceso mastoideo y las proporciones corporales entran dentro del modelo que un día se comprometieron a definir como “negroide”. La verdad es que de caucasoide, y siempre siguiendo sus inútiles, manidos y racistas modelos, sólo tendría las cuencas oculares redondas, el tabique y la espina nasal, así como el mentón, e incluso estos mostrarían valores bajos y ambiguos, “amulatados” si queremos. Entonces, su diagnóstico obedecía a motivos puramente ideológicos y etnocentristas. Pero lo grave, ya lo comentamos, no es andar etiquetando de blanco hasta el cráneo de Kunta-Kinte, pues todo se limitaría a un debate de opiniones, sino las implicaciones que esto tiene para los métodos tradicionales de reconstrucción craneal. Vignal decretó que Tutankamón era “caucasoide” mucho antes de aplicar el primer trozo de arcilla al cráneo, porque sin este diagnóstico previo es incapaz de ponerse manos a la obra. Cuando el forense ignora el cráneo que tiene delante, único e irrepetible, y sólo anda obsesionado por reconstruir un “caucásico” (o un “negroide”) a toda costa, el producto es necesariamente aberrante.

Este Tutankamón caucásico hubo que tener, sobra decirlo, la piel de nácar: “Nunca sabremos a ciencia cierta de qué color era la piel de Tutankamón. ‘Morena o negra, meras suposiciones’, dice Vignal. Nosotros elegimos el color a partir de los tonos de piel de los egipcios modernos, que varían según un amplio espectro. Nuestra recreación de Tutankamón es un ejemplo del poder de la ciencia… y de sus limitaciones”. Son de nuevo palabras del editorial de Chris Johns. Del mismo modo, cuando Vignal pasó su primer busto a la famosísima artista Elisabeth Daynès, esta dijo haber escogido un color de piel “basado en el tono promedio de los egipcios modernos”. No se si hay más desfachatez en contraponer lo negro y moreno como “meras suposiciones” frente a lo blanco como “ciencia”, o en pretender vendernos la pálida piel de su busto como la típica del egipcio actual. ¿Creen acaso que no viajamos o que ni siquiera vemos la tele? Se despedía así Chris Johns en su editorial: “’Un científico no debería tener deseos ni afectos; tan sólo un corazón de piedra’ escribió una vez Charles Darwin. La mayoría de nosotros no somos tan rigurosos, pues abrigamos nuestros propios deseos y afectos”. No hace falta que lo jure.




Arriba y en el centro, imágenes de la propuesta francesa que ha premiado y promocionado National Geographic. ¿Alguien diría que ese es el tipo humano que normalmente encontraría en Egipto? Aunque fuera mujer, del Delta y actual, esa piel tan blanca seguiría siendo excepcional. Ni siquiera es una tez típicamente siciliana, andaluza o cretense. Abajo a la izquierda vemos como he creado un esquema del cráneo de la momia a partir del scanner y la radiografía. A su derecha, superponemos ese cráneo a la silueta del busto francés para comprobar sus incongruencias. Como es patente, para que nariz, frente y cabeza se ajusten es necesario que la boca y el mentón no coincidan en absoluto, y viceversa. La razón de esta manipulación es evitar que se note tanto el prognatismo, tradicional delator de negritud. ¿Recuerdan que al cráneo del “negro propiamente dicho” lo ponían casi mirando al cielo para exacerbar su dentadura saliente? Pues al contrario, aquí han puesto a Tutankamón mirando un poco al suelo (de ahí que parezca estar encogiendo la papada) para que sus grandes y proyectadas paletas aparezcan casi verticales. Finalmente, abajo a la derecha, he representado el Tut francés con la piel que le corresponde según la radiación UV (tipo 2 o chocolate). El resultado sigue siendo poco creíble.

La versión norteamericana.

Comencemos la ronda de perdedores con el equipo de la Universidad de Nueva York dirigido por Susan Antón y Bradley Adams. La particularidad de este proyecto, oportunamente publicitada para añadir sazón y misterio al montaje, era que a estos pobres no les habían dicho la identidad del cráneo a reconstruir. Francamente no me parece muy deportivo que los otros dos equipos sí supieran que trabajaban sobre Tutankamón, pero tampoco creo en la inocente ignorancia de los americanos. Son profesionales con fama y experiencia, hay relativamente pocos cráneos de tiempos prehistóricos y antiguos (al menos tan bien conservados y con esa nuca tan rara), y por supuesto National Geographic no iba a montar este pollo por un anónimo porquero belga del siglo XIV. ¿No querría ese equipo ser el seleccionado y, por tanto, ver publicitada su labor y prestigio? Pues a poco que tiraran de archivo aparecería, entre los cráneos más famosos, las clásicas radiografías que en 1968 y 1978 se hicieron del faraón. Por torpeza, por soberbia, por desgana, o porque realmente es más complicado de cómo yo lo veo, la cosa es que al principio no daban una derechas. Su primera impresión es que estaban ante una mujer, pero imaginen el enorme bochorno que hubiera supuesto (para ellos, para la revista N.G. y para el prestigio general de estos profesionales) si su Tutankamón acababa reconstruído como una bella señorita con trenzas. Por eso, un buen día estos investigadores “a ciegas” rectificaron de golpe para declarar que el individuo era probablemente un norteafricano de entre 18 y 19 años, diagnóstico imposible de creer en un forense norteamericano. Claro que este chispazo de inspiración recibido por divina providencia hace aguas por donde la mires. En primer lugar, ni la sínfisis púbica ni las muelas del juicio pueden dar edades tan precisas (la horquilla ronda los 5 años de margen). En segundo, los forenses yanquis son los menos indicados del planeta para reconocer norteafricanos toda vez que: a) en su país son una minoría ínfima, b) los norteafricanos se parecen mucho a afrolatinos, afroamericanos, árabes y otras minorías que sí están mucho mejor representadas y con las que trabajan mucho más, así que muy probablemente confundirían unos con otros, y c) habría otro grupo de norteafricanos, los más claros, que les resultarían indistinguibles de españoles, italianos y demás euromediterráneos. En definitiva, aquello de “varón, norteafricano, 18-19 años” se lo chivaron desde National Geographic, que siempre jugó con las cartas marcadas. Acabo con este equipo diciendo que Michael Anderson fue el artista modelador, un tipo que se jacta de que “de hecho, después de ver a tantos cráneos durante tanto tiempo, puedes ponerte a casi retratar su cara”. Pero su experiencia no evitó que, como Antón, apostara por que aquello era una mujer. Supongo que salió del error al mismo tiempo que Antón, y bajo la misma asistencia “milagrosa”.

La versión egipcia.

He dejado para el final la hermana pobre de este pretencioso proyecto. Zahi Hawass fue nombrado director del mismo a título honorífico, probablemente porque sin darle algo de coba no firmaría los permisos para volver a manosear la preciada momia. La reconstrucción egipcia también entra en este lote de concesiones a las suspicaces autoridades arqueológicas egipcias, y nunca se le prestó demasiada atención. La revista apenas se extiende sobre este trabajo y en su página web no facilita siquiera fotos de la misma. Pero es posible encontrarlas y, al verlas, añadimos otra razón para que NG las haya escamoteado: es la menos parecida de las tres, y no sólo por la forma de su nariz, o por su mandíbula y mentón más fuertes. A decir del propio Hawass: “en mi opinión como investigador, la reconstrucción egipcia es la que parece más un egipcio, y las francesa y americana tienen más marcada personalidad”. El egipcio, diplomático como el solo. (Apostilla: no tiremos tampoco las campanas al vuelo, los egiptólogos árabes son aún más etnocentristas (¿”árabocentristas”?) que los occidentales, y el tito Zahi nos tiene ya acostumbrados a sus berrinches cada vez que se le insinúa la existencia de faraones negros).




Aquí podemos comprobar por qué la versión egipcia es la menos publicitada, pues coincidiendo con Hawass pienso que es la que mejor representa un egipcio. Por lo demás, no estoy de acuerdo con la manera en que han solucionado algunas de sus facciones o con la atlética corpulencia que adjudican a nuestro enfermizo faraón. La versión americana sólo es un poco mejor que la francesa, con la que coincide en algunos rasgos desafortunados. En la fila inferior les he aplicado un tono de piel chocolate que, a diferencia del francés, les sienta muy bien, sobre todo al busto egipcio.



Finalmente, otra victoria eurocentrista: el faraón tebano y el guiri que lo contempla comparten el mismo color de piel.

7 comentarios:

Ernesto dijo...

Tus deseos son órdenes.
Observa (observad) esta entrada http://www.ancient-egypt.co.uk/manchester/pages/the%20two%20brothers.htm
Y no me digas que no es para reir el grado de estupidez al que se puede llegar, uno de los hermanos es negro, el otro no (¿?). Y luego hacen una reconstrucción facial, ahí es cuando vienen las risas, pues siguen afirmando que uno es negro y el otro no.
Esto es ciencia, amigos.
Y observa el ángulo de las fotos en la reconstrucción, no sea que al "no negro" se le noten mucho los labios y el prognatismo.

Abercan dijo...

Muchas gracias por tu, como siempre, agudo comentario. Lo más cachondo es que dicen que el "negro" lo es por algún ancestro nubio... ¡como si hubiera que tener parentela exótica para ser egipcio y negro!

Anónimo dijo...

Si crees que el color de la piel es sinónimo de raza, te estás apresurando... El tipo mediterráneo en España posee pieles tan oscuras como en Sudán. Y no creas que es por sus ancestros moros: sólo el 6% de incidencia en su ADN existe en la península de tipos subsaharianos.

Para hacer una identificación forense debes comenzar por algo claro e inequívoco: ¿qué tipo de cráneo ha llegado a tus manos? Si lo identificas como caucasoide del tipo que se da en Norte de Africa y Medio Oriente, comienzas por ahí. Ese es tu camino. No tienen que importarte los pliegues o el color de la momia, que pueden deber su fisonomía a factores muy diversos.

Eso sucedió con la momia de Tut. Sin conocerse, el equipo de Egipto, USA y Francia identificaron al individuo como "caucasoide del tipo de Norte de Afria o Medio Oriente". Las similitudes de los tres trabajos fueron tan claras que se seleccionó aquel que había resuelto el problema dentario de Tut, que le confiere ese aspecto de muchacho que oculta sus dientes en forma de paleta.

Respecto a la etnia egipcia, observa claramente el mapa del genoma humano de hace 10.000 años y tienes resuelto tu dilema. Los tipos N, N1, M70, M89, M96, M172, M267, M394, R y X ya se hallaban en el Valle del Nilo desde Nubia al Delta con una frecuencia tan antigua como 45.000 a 10.000 años. La incidencia posterior de árabes como en España, sólo alcanza un pequeño 7% y los verdaderos negros africanos, el tipo Bantú, recién comenzó a expandirse en el año 1500 AC, llegando en primer término a Kerma y de ahí al Sur de Egipto en tiempos ya documentados por los propios egipcios.

Después, respecto a esa tontería al mejor estilo Código Da Vinci donde se asegura que los historiadores y arqueólogos complotan para que no se sepa que los egipcios antiguos eran negros, me parece una niñería. Basta de mitos y tonterías en la Web. Francamente ya estoy harto.

Si la piel de Tut era más oscura o más clara, si se había bronceado más o menos, no me interesa. Me importa conocer su rostro con la mayor objetividad posible. La vieja reconstrucción que lo mostraba con rasgos bantúes (con look típicamente "afroamericano") no es más que una fantasía que proviene de una base ideológica más que de una verdad antropológica. La antropología física no es para cualquiera, conlleva una honestidad intelectual que se intentó captar en la reconstrucción del 2005 a partir de las coincidencias de tres equipos que no se conocían. Si tres equipos individuales y profesionales coinciden en algo, ese algo está más cerca de la verdad que cualquier charlatanería que podamos proponer aquí.

Armando
de Brasil

Abercan dijo...

Para Armando de Brasil:

1. No creo que el color de piel sea sinónimo de raza porque las razas no existen científicamente hablando. Existe una percepción social de la raza y por supuesto existe el racismo, y ese si que tiene que ver con el color de las pieles, no con estudios racialistas tan exhaustivos como inútiles.
2. El tipo mediterráneo en España NO posee pieles tan oscuras como las de Sudán. Espero que tal error provenga de no haber pisado mi país en tu vida, aunque digo yo que para eso está Google Images.
3. Me río de las interpretaciones ideológicas que ahogan el debate sobre ADN, y por supuesto de la que más me río es de la que niega cualquier cruce de genes por Gibraltar. Cuando los procedimientos sean más serios, por ejemplo cuando se pueda estudiar bien el ADN nuclear, no haya “madres mitocondriales” 100.000 años más viejas que los “papás Y”, y por supuesto superemos los “relojes moleculares”, hablamos. Además, cuidadito con ciertas cepas comprometedoras de mtdna U6, con los haplotipos de histocompatibilidad, y podemos también reírnos de las muestras genéticas andaluzas y norteafricanas escogidas… pero ya digo que es un berenjenal que evito de puro aburrimiento.
4. Para hacer una identificación forense por lo último que habría que empezar es por el diagnóstico “racial”, ya que se supone que nuestro objetivo es adivinar su aspecto, no aplicarle apriorismos. Ah, y los “caucasoides” no existen más que en la mente de los racistas blancos.
5. No entiendo tampoco quién crees ser, ni cómo puedes pretender que acaben los “mitos y tonterías en la web”. A mi tus mitos y tonterías eurocentristas me hartan más que a ti los míos, por el simple hecho de que tus ideas sustentan un racismo blanco con muchos más muertos a sus espaldas que mis molestas teorías. Sin embargo, no voy por las webs oficialistas (ni siquiera por las abiertamente racistas) a molestar. Si tienes algo que decir, publica en tu propio portal. Esto no es un periódico o televisión oficialista ni una publicación de académicos paniaguados. Esto es la World Wide Web y cada uno dice lo que piensa, ¿a que escuece? Si ya estás “francamente harto” prepárate para la que te espera.

Abercan dijo...

6. Intenta comprender que no escribo pensando en ti, y que poco me puede importar lo que a ti te interesa. Por otro lado, desde el principio se ve de qué trata mi blog, así que si no te importa el color de Tutankamón, ¿Qué pintas por aquí? Supongo que intentas ayudar a los descarriados que me leen, devolverlos a la luz…
7. No se cómo vas a conocer el rostro de Tut “con la mayor objetividad posible” si no te interesa siquiera su color de piel. Sólo por el color de piel, teniendo narices y bocas que tú definirías como 100% caucasoides, millones de personas padecen hoy racismo a manos de unos pocos atodenominados “blancos”.
8. “¿Rasgos bantúes?” Y yo que creía que el Bantú era una familia lingüística… Lo que te pasa es que no quieres decir “negro propiamente dicho” o “negro-negro”, es algo que os pasa a muchos tibios racialistas, esos que tanta “honestidad intelectual” demostráis. Yo, como soy un cualquiera, digo NEGRO cada vez que quiero y puedo, y no dudes que repetiré a los cuatro vientos que TODOS LOS EGIPCIOS FARAÓNICOS SERÍAN HOY CONSIDERADOS (SOCIALMENTE) HOMBRES DE COLOR, QUE MUCHOS SERÍAN TENIDOS FRANCAMENTE POR NEGROS, Y QUE NINGUNO DE ELLOS SERÍA ACEPTADO EN UN CLUB DE SUPREMACISTAS BLANCOS. Esta es la honestidad intelectual de los cualquieras.
9. Comprede que esta respuesta no tiene réplica, ya sabes, para no prorrogar “cualquier charlatanería que podamos proponer aquí”. A partir de ahora tú a medir la distancia estafilio-esfenobasilar mientras yo sigo machacando racistas, que es de lo que se trata.
PD. No se si eres la misma persona que, casualmente hoy y sobre las entradas de Tutankamón, ha dejado dos mensajes a los que ni me he dignado a responder. En cualquier caso, aprovecho para repetir un aviso que di hace tiempo: los mensajes demasiado breves, insultantes, pero sobre todo aquellos desprovistos de cualquier argumento que yo pueda replicar, no tendrán contestación ni serán publicados. Ah! Y el cruce de réplicas también será limitado: mi cometido es escribir artículos, no ser psicoterapeuta ni punching ball de nadie.

Anónimo dijo...

Lo de tomar de modelo a los egipcios actuales para la reconstrucción del cráneo, en lo relativo a rasgos faciales y tono de piel, me parece bastante traído por los cabellos; porque Egipto sufrió la ocupación de varios pueblos durante períodos muy prolongados, primero fueron los hicsos, que provenían de Anatolia y cuya conquista y ocupación de egipto comenzó alrededor del siglo XVIII a.c. y se expandió por cinco siglo según algunos egiptólogos, siendo ellos quienes introdujeron la rueda y el carro de guerra en el delta del Nilo. Luego en el siglo V a.c. nuevamente se ve invadido Egipto por fuerzas de ocupación y pasa a ser una satrapía del imperio persa, que se encontraba en pleno apogeo para entonces (hay que recordar que se acepta comunmente como lugar de origen de los persas las mesetas centrales de Asia, es decir son un pueblo ario); con las campañas de Alejandro Magno en el siglo III a.c., Egipto cae bajo dominio Helénico; luego vendrá con Augusto, la ocupación romana; con la expansión del Islam, nuevamente es ocupado Egipto, esta vez por los árabes en el siglo VII, un pueblo de origen semita (los verdaderos árabes son los provenientes de la peninsula arábiga, pero actualmente el término "árabe" se aplica más dentro de un contexto lingüístico y cultural que étnico), luego Egipto pasa a ser parte del imperio turco otomano, en el siglo XIII y más recientemente cae bajo el domino del imperio británico, hasta su independencia en 1922.
Sería infantil pensar que ninguno de estos pueblos de origenes tan diversos (unos arios, otro del lacio, otro de los balcanes, otro de la península arábiga y emparentado con los hebreos)que ocuparon Egipto durante períodos tan prolongados no hubieran dejado una sola huella genética en su territorio; el aspecto de los egipcios actuales es el resultado de la mezcla de todos estos tipos raciales durante mas de 2000 años en la cual el elemento autóctono africano se fue diluyendo cada vez más.

Abercan dijo...

Pues más a mi favor! Comprenda que, como aclaro continuamente en mis escritos, yo tengo que acogerme a la versión más descafeinada para que no se eche encima la bancada eurocéntrica. Si usted prefiere imaginar unos antiguos egipcios más africanos yo encanrado. Así es como de hecho los imagino yo.